• Más de 400 años de conservación.

    La legislación de conservación llegó temprano a las Bermudas, en 1620 para ser exactos. Aproximadamente una década antes, cuando la isla fue habitada por primera vez, las tortugas marinas eran abundantes y una de las favoritas culinarias de los primeros pobladores. Desafortunadamente, esto llevó a un dramático declive en la población de tortugas. La respuesta fue lo que se cree que es la primera ley de conservación escrita: “una ley contra la matanza de tortugas jóvenes”. Las tortugas juveniles debían ser protegidas para detener este declive preocupante, conocido como la “decadencia de la raza de un pez tan excelente”. Se ordenó a los isleños que no mataran “tortugas de menos de 18 pulgadas de ancho o de diámetro”.

    Fue una buena idea, pero la población de tortugas siguió disminuyendo y para finales de la década de 1700 se habían vuelto bastante escasas. Después de la década de 1930, no hubo evidencia de tortugas anidando aquí, hasta 2015, cuando se creía que las crías encontradas eran resultado de proyectos de translocación en 1968 y 1978 desde Costa Rica.

    Una de las primeras investigaciones científicas de esta especie en su hábitat de desarrollo juvenil se inició en 1968 por un administrador de la Corporación de Conservación del Caribe, el Dr. H.C. Frick, y es continuado hoy por el Proyecto de Tortuga de las Bermudas, una iniciativa conjunta del Conservatorio de Tortugas Marinas, la Asociación de Tortugas del Atlántico, la Sociedad Zoológica de las Bermudas y el Museo y Zoológico del Acuario de las Bermudas. Bermudas sigue desempeñando un papel clave en la recuperación de esta especie temprana.